martes, 23 de octubre de 2007

Silencio... sólo silencio

Uno inventa palabras para que al nombrar lo que se siente duela menos. Uno no entiende por qué las voces nos deshabitan, hasta que decide escuchar y escucha. ¡Silencio! Ninguna respuesta del otro lado del espejo, ninguna comunicación del otro lado de la noche, ningún calor del otro lado de mis manos. Uno se asusta, siente el vacío y tiembla.
Entonces... creo que mi mejor estado es la soledad. ¡Y que mejor momento que éste para congraciame con el lado más oscuro de esta noche de invierno! A veces parece que doblamos campanas con una cantidad de gritos silenciosos y la soledad se nos resbala como un caracol marchito subiendo escaleras. Pienso que adolezco de una actitud pasiva, estática y demasiado reflexiva. Y es cuando descubro que este caparazón tiene forma de lágrima, tiene forma de estrella, tiene forma de lluvia envuelta en un capullo. Si lo perforan saldrá una mujer llena de lunas persiguiendo desamores.
(Y sigo aquí.
Salvando las distancias
de tu silencio.)

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