martes, 4 de marzo de 2008

MURMULLOS DE FEBRERO

¿Cómo debo poner el alma, para que no roce con la tuya?
¿Cómo debo alzarla sobre ti, hacia otras cosas?
Rainer María Rilke
Hoy me atrevo a escribir estas líneas, después de muchos meses de reconciliarme con el silencio y de encontrarme en lo callo. Temo que nuevamente mis palabras perezcan en mis labios y que el eco de mi voz se debilite tanto en la distancia que no pueda ser escuchado. Entonces rescato estos textos a modo murmullos para celebrar el milagro de vivir y de sentir.


  1. Empezó mi tiempo de descanso. Finalmente la lluvia abrió paso al aire tibio del atardecer y dejó de coquetear a mis espaldas para vestir mis sueños de eternidad. El pájaro de pico dorado olvidó definitivamente cruzarse por mis cielos y su ausencia coincidió con la llegada ruidosa del verano. El mundo pareció ensancharse a mis pies y mi corazón empequeñecido latió tranquilo, al ritmo uniforme de mi música cálida y sencilla. Encontré el equilibrio después de muchos años y me reconcilié con la vida. Cerré los ojos… un plácido sueño acompañó mis noches.
  2. Desperté con un olor a hierba impregnando mi piel y todos mis sentidos. Fue muy fácil dejarme seducir por la humedad del rocío y el color de unos ojos que alguna vez amé. Nuevamente las palabras, las sensaciones perdidas, el deseo, los temores, ¡el desafío! Apareciste como cómplice de ese sentir y tu voz lejana alentó mi valentía, alumbrando el oscuro camino que alguna vez recorrimos. El monstruo encantado se aferró de mi pecho, enterró sus uñas en mi alma y de ella brotaron entrecortados suspiros. Me inspiré y me inspiraste sin saberlo. Volví a conquistar ese cielo azul y me elevé lentamente, pero no pude sostener el vuelo. Los vientos de julio aniquilaron el aliento que me sostenía.
  3. Luché por sostenerme y floté en el aire formando líneas onduladas con mis manos inseguras. No te busqué, pero apareciste. Tampoco te llamé, pero respondiste a un constante fluir de murmullos que tenían que encontrarse. La distancia lanzó dardos hasta atraparnos entre nubes blancas de formas indefinidas. Propusiste ignorarlas y con un soplo las hiciste huir en desbandada, inseguras de su rumbo. No contentas con su destino, nos enviaron la temible lluvia invisible que siempre se ha resistido a despejar los cielos tristes y nostálgicos. ¿Cómo reconocernos entre tanta niebla? ¿Cómo reconstruirte en mi memoria sin caer en la trampa de evocar batallas perdidas? ”¿Cómo poner mi alma para que no roce con la tuya?”
  4. Ahora el silencio grita… y yo que escucho su estruendo lo amenazo con mi boca y mis puños cerrados. Callar. ¡Callar! ¿Callar? Para escucharte, para aprender a olvidarte nuevamente. Para no encadenarte a mis palabras. Para dialogar finalmente con la lluvia, entre nubes blancas; sin mis palabras, con tu silencio. Mejor el olvido.
No cambio mi soledad por un poco de amor. Por mucho amor sí. Pero es que el mucho amor también es soledad.

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